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Persecución septiembre 3, 2008

Posted by jcanez in bobba fett, cuento, star wars.
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– Papá!!!!!!! nos están siguiendo!!!!!!!

Jango no se inmutó. Aunque estaba vagando en sus pensamientos sabía que podía conducir en lo que él llamaba “modo automático”, subconscientemente. Ahora que lo recordaba, siempre había manejado así y esto era porque era una persona callada. Le daba igual manejar con una persona, o llevar 5 pasajeros o pilotear solo. Mejor dicho, hubiera siempre preferido estar solo. O acompañado de Bobba, quien compartía su soledad en perfecta sincronía. Ni siquiera ahora que éste gritaba perdería los estribos o volvería a la realidad.

Bobba se impacientaba, retorciéndose en su asiento y volteando sobre su hombro cada dos segundos.

– Tranquilo hijo, tranquilo que ya lo vamos a perder…

El viejo carro, que habían bautizado SLAVE I siempre respondería a las situaciones críticas como ésta. El motor crujía mientras Jango afincaba su bota en el acelerador y toneladas de humo eran lanzadas al exterior, en un proceso de combustión bastante tóxico, pero eficiente.

Jango percibía una oportunidad de perder a su acechante perseguidor en la autopista interestatal, y por eso a último minuto giró su volante bruscamente justo a tiempo para entrar en el carril que lo llevaría a la alcabala, que ni por sueños pagaría. A esa hora afortunadamente no había mucho tráfico para pagar el peaje, porque de no ser así la persecución habría acabado antes de tiempo con derramamiento de sangre y entrelazado de metales.

– Agáchate y agarrate duro Bobba!!!
…… Fue lo único que acertó a decir antes de agacharse para evitar que algún vidrio le cayera encima. Un oficial había previsto las intenciones de fuga y se había parado en frente del trayecto del SLAVE I para intentar detenerlo. Las intenciones de Jango no eran precisamente las de perder segundos valioso corrigiendo su ruta. La bota ya no podía inyectar mas gasolina pues el pedal del acelerador ya estaba contra el piso de la cabina. El SLAVE I sin embargo parecía ganar velocidad pero era solo un efecto de la inercia de la bajada. El oficial abrió al máximo sus ojos y pareció presagiar su destino.

Un fuerte estruendo se escuchó mientras el cristal de seguridad contenía el cuerpo inerte y vapuleado de la nueva víctima de la persecución. En fracciones de segundos el en vida oficial perdía la vida mientras pasaba por encima del viejo vehículo y Jango intentaba asomarse por su ventanilla para continuar su camino.
Bobba lanzó una fuerte carcajada y profería algunas malas palabras inconexas mientras se reincoporaba. El nervisosismo que destilaba hacía unos pocos minutos había desaparecido y en su lugar se exhibía la madurez emocionalmente gélida que lo hacía tan similar a su padre.

– Ayúdame a quitar el vidrio hijo!!!

Bobba se retiraba el cinturón de seguridad y acto seguido intentó golpear con los pies el destrozado vidrio. Su padre seguía conduciendo entre los demás carros y haciendo su mejor intento por esquivar los mortales huecos de la carretera en curvas. Una y otra patada y Bobba sentía que el vidrio se separaba de su base. Jango sintió el crujido y se incorporó a su asiento justo a tiempo para ver el vidrio desaparecer mientras pasaba sobre el techo. Jango dedicó unos segundos al retrovisor y observó como el vidrio caía metros atrás, impulsado por la fuerte brisa que ahora sentía directamente en el rostro. El perseguidor, en su auto deportivo amarillo se deslizaba con una asombrosa habilidad entre los demás carros que él dejaba tambaleantes en el camino como consecuencia de su entrometida conducción. Parecía que todo iba a acabar muy pronto porque ya no tendría escapatoria. El auto amarillo estaba atrapado entre otro vehículo, el muro que separaba su canal de la contravía y, como un verdugo silente, el vidrio que le estaba llegando a su capot. Jango solo quería comprobar si se cumplía su fechoría. Bobba no sabía que estaba pasando porque tenía la vista fija en la carretera.

El perseguidor del auto deportivo amarillo no tenía tanta experiencia en conducción, pero lo ayudaba un certero instinto. Aceleró aún mas y sintió como el motor respondió añadiendo dos gravedades más a la pesada fuerza que lo mantenía pegado a su asiento.

– Cuidado papá!!!!!

Jango tuvo forzosamente que volver los ojos al camino. Una curva a la derecha no estaba prevista y el carro parecía debatirse entre la fuerza centrífuga que lo alejaba del rayado trazado y la fuerza centrípeta que quería añadir con su destreza al volante. Oyó el estallar lejano del vidrio que cobraba otra víctima, y poco a poco su lucha pareció rendir fruto cuando ganaba milímetro a milímetro su permanencia en la carretera. La curva parecía ya superada y las ganas por saber que había ocurrido lo carcomían por dentro, pero ya parecía inútil seguir arriesgando la vida tontamente. Su sentido de supervivencia le indicaba que ya todo había pasado y que debía esmerarse en concretar su mimetizaje con el resto del ambiente. Solo entonces podría respirar de nuevo con calma y sonreir para celebrar su escape.

El vehículo amarillo había podido pasar casi ileso el enorme vidrio del SLAVE I, pero su carro vecino no había tenido tal dicha. Ahora Obi-Wan trataba de esconderse entre el resto de los carros que superaba una curva mortal que casi cobraba la vida de sus objetivos. Casi entre 2 nanosegundos que le sirvieron de ventana, pudo ver como el viejo carro de Jango tomaba una de las salidad de la autopista. Decidió desacelerar y seguirlo a la distancia.

Jango celebraba riendo a carcajadas con Bobba sin sospechar que la persecusión aún continuaba.

Voltiando a los cuentos…
Inspirado en la secuencia de persecución de Obi-Wan Kenobi a Jango Fett y su hijo clon Bobba al salir del planeta Kamino en STAR WARS Episodio II “El Ataque de los Clones”. Este cuento fué escrito en Agosto de 2005.
“¿Quién es más tonto, el tonto, o el tonto que lo sigue?” – Obi-Wan Kenobi

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